miércoles, 22 de abril de 2026

Texto de mi amigo Severino

 

Un texto de mi amigo Severino Ngoenha, para este viernes Santo:



Tengo una amiga llamada Manuela Soeiro. En Mozambique, su nombre no necesita presentación: para muchos, es la madre del teatro. En su casa, entre recuerdos, textos y gestos que han moldeado una sensibilidad nacional, hay una obra singular: un Cristo que huye de la cruz.
Es una imagen casi insoportable.
Porque todo lo que sabemos —o creemos saber— es que Cristo no huyó de la cruz.

Al contrario, la aceptó.

Y, en la tradición teológica más exigente, esa aceptación no fue un accidente de la historia,

sino el propio camino de la redención.

La cruz no fue solo sufrimiento: fue el lugar donde se asumió la violencia del mundo para vencerla.
Pero la imagen de ese Cristo fugitivo nos perturba por una razón más profunda: revela lo que hacemos todos los días.



Huimos de la cruz.

Huimos del sufrimiento del otro.

Huimos de la responsabilidad que la cruz introduce en la historia.
Y tal vez, si somos rigurosos, debamos reconocerlo: Cristo también quiso huir.
En Getsemaní, pide que le sea apartado el cáliz.

En la cruz, grita el abandono: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

La cruz no es un gesto fácil. No es una estética del dolor. Es un escándalo. Es una ruptura.

Es el punto en el que el ser humano vacila.


Pero es precisamente ahí donde reside su verdad.
La mejor teología nos enseña que Cristo pasó por la cruz para que no hubiera más cruces.

Para que el sufrimiento dejara de ser la condición normal de la vida humana.

Para que la muerte dejara de ser el horizonte de las sociedades.

La cruz fue el precio para abolir las cruces.




Ahora bien, aquí es donde empieza el problema de la Pascua.
¿Celebramos o recordamos?


Si celebramos, nos quedamos en los huevos, en los dulces,

en las comidas, en las mesas repletas, en los rituales vacíos.

La Pascua se convierte en un evento social, una festividad, una pausa gastronómica.


Pero si recordamos —y recordar, en el sentido más profundo, es hacer presente—,

entonces nos vemos obligados a enfrentarnos a la pregunta esencial:

 ¿qué hemos hecho nosotros con la cruz?


Porque la cruz no es solo un acontecimiento pasado. Es una exigencia histórica.


Y aquí entra una de las categorías más perturbadoras del pensamiento africano contemporáneo:

la necropolítica, concepto desarrollado por el filósofo camerunés Achille Mbembe.


La necropolítica es el poder de decidir quién debe vivir y quién debe morir.

Es la política que organiza la muerte. Que la administra. Que la distribuye.


Y el escándalo es este: vivimos en sociedades que se dicen cristianas —o herederas del cristianismo— pero que siguen produciendo muerte.


No hablemos solo de las Cruzadas. Ni de la esclavitud. Ni del colonialismo.

Sería demasiado fácil refugiarnos en el pasado.
Hablemos del presente.

Palestina. Sudán. Haití. Congo. Irán. Venezuela. Mozambique.

Territorios donde la vida es precaria, donde la muerte es banal,

donde el sufrimiento no es una excepción, sino la norma,

y muchas de esas políticas son sostenidas, legitimadas o toleradas

por sociedades que invocan valores cristianos.


El velo del templo se rasgó con la muerte de Cristo,

símbolo de que Dios ya no estaba separado de los hombres.

Pero hoy, ese velo sigue rasgándose de otra forma: para dejar entrar la muerte.


Y no podemos decir que no lo sabemos.
Lo sabemos.
Lo vemos en directo. Lo presenciamos. Lo comentamos. Y seguimos adelante.


Quizás deberíamos ser más radicales.
Quizás no deberíamos celebrar la Pascua.
Quizás deberíamos quedarnos en el viernes,

o en el sábado —ese día suspendido entre la muerte y la esperanza.
Porque la resurrección no puede celebrarse en una humanidad que sigue produciendo cruces.


No hay domingo posible cuando el viernes se prolonga indefinidamente en la vida de los demás.
No son solo «los demás». No es solo Occidente. No son solo los imperios.
Somos nosotros.
Nuestras élites africanas. Nuestros líderes políticos. Nuestras burguesías emergentes.

Nuestras comodidades urbanas.


Mozambique no es una excepción.


En un país donde barrios enteros viven en la precariedad extrema,

donde el acceso a la salud, al agua, a la dignidad sigue siendo una lucha diaria,

¿cómo podemos celebrar la resurrección?


¿Qué resurrección es esta que no toca la vida concreta de las personas?


¿Qué cristianismo es este que coexiste con la indiferencia?


La necropolítica no es solo un sistema global. Es también un hábito local.

Una forma de normalizar la desigualdad. De aceptar que unos vivan y otros sobrevivan.


Y quizá la imagen más violenta de esta contradicción sea esta:

mesas repletas en un lado de la ciudad, hambre silenciosa en el otro.
Huevo dulce en la boca de unos. Amargura estructural en la vida de otros.


Juan Crisóstomo advertía: «¿Quieres honrar el cuerpo de Cristo?

No lo desprecies cuando lo ves desnudo».

Para él, la Eucaristía no podía separarse de la justicia.

El altar no podía coexistir con la indiferencia social.


Y más tarde, en la contemporaneidad, el papa Francisco insistió en la misma línea: «Esta economía mata».

No es solo una crítica económica.

Es una denuncia teológica: hay sistemas que contradicen directamente el Evangelio.

Pero ¿qué hacemos nosotros con estas palabras?
Las convertimos en citas. En discursos. En adornos morales.
Y seguimos adelante.


Quizás la imagen de Cristo huyendo de la cruz sea, 
al fin y al cabo,

la representación más fiel de nuestro tiempo.

No porque Cristo haya huido, sino porque nosotros huimos.


Huimos de la responsabilidad histórica que la cruz introdujo.
Huimos de la exigencia de transformar las estructuras.
Huimos del compromiso con la vida.


Y, sin embargo, hay otra lectura posible.
Quizás ese Cristo fugitivo no esté huyendo por sí mismo.

Quizás esté huyendo de nosotros.
De una humanidad que no ha aprendido nada de la cruz.
De una humanidad que ha convertido la redención en ritual.
De una humanidad que celebra la Pascua mientras sigue produciendo muerte.


Si queremos ser honestos, tal vez deberíamos desear esto:


Que los huevos de Pascua sean amargos en nuestra boca.
No como castigo. Sino como recuerdo.
Recuerdo de que no podemos disfrutar de la dulzura mientras otros viven en la amargura.
Recuerdo de que no hay resurrección sin justicia.
Recuerdo de que la cruz no fue un espectáculo, fue una exigencia.
Y que esa exigencia sigue vigente. 








lunes, 20 de octubre de 2025

Del Agua y del Espíritu...

 

Hoy hemos celebrado 159 primeras comuniones.

Como te decía es otra prueba de la respuesta de este pueblo ante la

 amenaza terrorista, la miseria y tantas razones para no tener

 esperanza. Ante la violencia, un gesto de fe en la fraternidad, la

 amistad y la vida. Ante la dureza de la vida, una danza de gratitud y

 belleza que es un testimonio del verdadero valor de la humanidad.

 Ante un horizonte siniestro, la entrega confiada a Dios que da a la

 vida su razón de ser...

Hoy, muchos han hecho un gran esfuerzo para traer a la iglesia unos boniatos o un paquete de espaguetis, un refresco o un repollo... dones que además han venido envueltos en papel de regalo... una gran belleza por fuera y un tesoro por dentro, sólo para quien es capaz de verlo y de dejarse sobrecoger.
Algunos no han podido traer nada y nos han dado sus manos para bendecirlas. He sentido que una esperanza eterna se ha sembrado hoy donde todo parece condenado.

Hace ya trece años, cuando  llegué aquí a Mahate y a la misión de Cabo Delgado, empecé a trabajar con la pequeña comunidad de no más de 50 personas que estaban en el barrio. Hoy aquel pequeño grupo se ha convertido en siete comunidades, que lejos de amedrentarse o sucumbir, se levantan una y otra vez, resisten y sobreviven, porque consiguen reconocer lo importante de la vida
y son capaces de llenarlo de belleza y alegría.

 Cada día tengo que celebrar una muerte injusta y cada día nace más esperanza... cada día siento la llamada a la conversión de mis argumentos tan bien construidos,  tan realistas y desesperanzados..., entonces me voy a bendecir al último pequeño que ha nacido  y contemplo aquel portal de nuevo, donde nació la fuente de la esperanza  y sólo consigo quedarme callado, acoger cada retazo de vida y celebrar que todo depende de esta mirada sagrada y que el verdadero desafío es no perderla.

Después de todos estos años algo que no sé describir me ata irremediablemente
y llena de sentido todo lo que hago y vivo.

Es una comunión que surge de haber nacido del água y del espíritu...,
 que se ha revelado en la misión a lo largo de los encuentros, la vida compartida y el amor.
Y hay algo de tan profundo en ella que hace sitio también al dolor y a la cruz, pero los supera al ponerlos en su sitio, de cara a la plenitud de bien que cumplirá los tiempos...

Eso es lo que vivo como una alianza que no puedo romper, sin que al hacerlo yo mismo deje de ser, tan sencilla como preparar un vaso de leche a Yuma, que ha vuelto a tener su crisis mental y lo rompe todo por donde va menos cuando está conmigo. O como hacer el desayuno para todos los pequeños que crecen en nuestra escuela infantil, intentar que las famílias que llegan sin nada
y las que se mantienen con muy poco puedan tener algo más.

 En nuestra iglesia los niños y los jóvenes necesitan oír palabras de luz y esperanza y por eso siguen adelante, resisten y avanzan. Cuando las malas noticias llegan, es entonces cuando es más necesaria la buena nueva y entonces siento que soy portador de esa pequeña luz
y que si se me apaga dejaré de tener sentido.

La misión está llena de pequeñas llamas que se pueden mantener vivas. Hacerlo depende del compromiso humilde y a fondo perdido, que se renueva cada día y te hace vivir con gratitud.

Sin el latido sentido del Espíritu, no es posible vivir en la misión,
sin que te cobre un precio imposible de pagar.
Pero con el Espíritu, poco a poco, lo que en verdad importa se vuelve en lo único necesario.

A todos los que de un modo u otro hacéis posible que esta misión siga adelante,
que Dios os bendiga siempre.

Pe Eduardo

Paróquia Sao Carlos Lwanga de Mahate, Pemba,  Cabo Delgado.

 Mozambique 






 

domingo, 17 de agosto de 2025

Bajo tu manto, nos acogemos



Posos de café y vida 2a Parte. Número 2.



Bajo tu manto, nos acogemos


Ayer hicimos algo muy importante. Levantamos una tienda en el

 descampado del campo de la escuela, para acoger las Sagradas

 Escrituras y a todos los que las seguimos com deseos de paz para

 nuestras familias y comunidades. Reunimos a 120 hermanos y

 hermanas, cristianos y musulmanes, de todos los barrios de Pemba y

 de las aldeas de Mieze. Estos ya se habían comprometido a trabajar

 por el diálogo, la reconciliación y la paz en varios encuentros de

 formación que desde el centro interreligioso para la Paz estamos

 haciendo con las comunidades que siguen sufriendo el azote del

 terrorismo islamista. Pero antes de empezar el encuentro, fuera había

 otra cincuentena de personas, talvez más... Querían participar,

 aunque no estaban en las listas.


Oyeron en las mezquitas que habría un encuentro el sábado 16, y que

 los imanes estarían y los sacerdotes católicos también, con otros

 líderes religiosos, y que los musulmanes y los cristianos iban a

 entregarse sus libros santos, unos a otros, y querian ver cómo seria

 eso. Se quedaron fuera de la tienda porque no había lugar para ellos,

 bajo el sol, sin importarles, durante todo el tiempo que duró la

 ceremonia.


Algunos entendieron mal, pensaron que sucedería como era hace

 unos años, antes de los ataques, cuando cristianos y musulmanes se

 reunían a veces para disputar por la verdad y la razón y hacer

 prosélitos. Se llevaron una sorpresa.


Sólo vieron hermanos y amigos que acogieron con humildad y amor

 la sagrada escritura que guia aquellos que tienen otra fe y se

 comprometieron a conocerlo y protegerla de quienes quieren hacer

 de ella una arma para matar.


La ceremonia duró dos horas, imanes y sacerdotes compartieron la

 esencia de las religiones y de sus sagradas Escrituras, y dos grupos

 corales de niños y adolescentes cantaron por la paz y rezaron a Dios.


La representante del gobierno leyó un mensaje del secretario de

 Estado que nos animó a seguir adelante en esta misión pacificadora,

 pero lo que vio es que ya no se puede dar marcha atrás en el

 compromiso de jóvenes, mujeres y hombres, que ahora ya se

 conocen y aprecian, y ya no se tienen miedo, porque esta amistad es

 la garantía para que cada uno pueda sentirse quien es y practicar su

 religión con libertad. Estos hermanos y hermanas que siguen por

 este camino han descubierto la belleza de creer, el don de las

 religiones para el mundo y la necesidad de protegerlas de las

 ambiciones violentas de algunas personas.


Aqui en Mozambique celebramos la Asunción de María a los cielos

 este domingo. Resulta que ella es una agraciada de las dos religiones

 y otra vez está reuniendo a sus hijos. Por eso levantamos la tienda, la

 que Dios pone en nuestra historia, para que nos sintamos acogidos,

 cuando la inclemencia del sol o la lluvia se cierna sobre nosotros.

 Por eso, bajo tu manto nos acogemos...



Os dejo aquí algunas de las palabras que leímos ayer en la ceremonia

 de la entrega de los libros sagrados...



As nossas religiões são presentes de Deus para a humanidade. Deus

 nos deu elas para que não se perca nenhum ser humano na escuridão


 do pecado. Elas são as portas da salvação que esperam até que o

 mundo acabe para que todo ser humano passe por elas, são como os

 ramos de uma árvore imensa que precisa de todos para se sustentar e

 permanecer erguida, ramos que oferecem, cada um, seus frutos a

 quem os quer comer, e estão cheios das mais belas flores. Cada

 religião conserva em seu seio o tesouro da sua palavra, que todos

 podemos ouvir e compreender, porque pertencemos à mesma árvore

 da humanidade.


Tristemente, ao longo da história, as religiões enfrentaram-se, umas

 vezes por causa do poder, outras por causa da mentira. Os

 preconceitos que enfrentam as pessoas religiosas ainda estão

 presentes entre nós e precisamos vencê-los.


Desde um grupo de irmãos e irmãs das diferentes religiões,

 congregações e igrejas, da nossa província, queremos pôr as bases

 para a paz religiosa, celebrando o dom dos nossos livros sagrados

 que são graça e verdade para os corações confundidos.



Y esto es lo que leímos al recibir la Sagrada Escritura:



Acolhemos a palavra sagrada que alumia a vida dos nossos irmãos

 (muçulmanos/cristãos), comprometendo-nos a custodiar e proteger

 contra todos os que a ameacem, a conhecer e aprofundar o caminho

 religioso que convida a viver, a respeitar e venerar os seus

 ensinamentos como palavra vinda de Deus para a salvação de todos

 os que a praticam.


E que só Deus seja quem julga ao ser humano, que todos sejamos

 irmãos em nosso próprio caminho e a todos testemunhemos a fé que

 traz a paz ao mundo.




































Mahate,17 de Agosto de 2025







martes, 5 de agosto de 2025

Posos de café y vida. 2a parte. A veces, sólo a veces

 


A veces tengo mucho miedo, me asalta una angustia que no consigo controlar y me hundo en una desesperación que consigue oscurecerlo todo.
Sucede después de grandes tragedias que llegan a mis oídos, o que acabo de leer en un mensaje de texto. Y es con todas las noticias, sin importar de dónde vengan.
Pero hay algo más intenso ahora, más difícil de explicar. El viernes aquellos hombres de rostro velado, como si un velo pudiese ocultar el mal que hacen sus manos, atacaron con crueldad las aldeas y la sede de Chiure, un puesto administrativo del sur de la provincia, paso natural con la vecina Nampula, y se grabaron en un video que llama a todos a pasar a vivir de un país sin ley, a un país islâmico con las leyes de Alá que garantizan la justicia.
Pero en su camino, estos hombres que se dicen justos, han degollado sin razón, y han dejado una estela de fuego y sangre a su paso. Porque hay muertes infringidas que se consideran justas. Y el silencio atronador de quienes deberían condenar lo que sucede y responder a la tragedia se impone por todo lado... Y es así, con esta conspiración de silencio, que ningún drama tiene fuerza para sacudir las conciencias...
Y me pregunto porqué y no quiero saberlo, porque ya sé que hay personas que no importan a nadie, porque también hay un Dios, que no le importa a nadie.
Casi todos mis jóvenes, la mayoría aqui en Mozambique, junto con los niños, han adoptado una genuina alegría que tiene en la base la certeza de la Esperanza.
Yo no sé qué decir, cuando la oscuridad se cierne con insistencia, y sólo puedo dejarme evangelizar por ellos.
Sí, mis dudas y mis sombras me asolan de vez en cuando, pero su esperanza les ilumina constantemente, sobre todo cuando la tragedia es mayor todavía.
Me doy cuenta de este tesoro que humilla sin cesar el cinismo de mis seguridades y mis palabras fáciles. Y pido a Dios que me convierta, que me esconda en sus llagas, estas llagas que son la fuente de la Esperanza, y de la alegría.
También pienso en quiénes me dirán desde sus cómodos sofás, que los pobres viven la enfermiza ilusión de la fe, porque no tienen alternativa... Lo pienso porque también yo lo creí a veces, prefiriendo mi seguro bienestar a la inclemencia del mundo. Pero entonces yo no sabía lo que era la verdadera alegría.


Ahora lo sé, y no quiero perderme de nuevo en tantas palabras vacías, aunque me cueste una angustia que parece oscurecerlo todo.


Pe. Eduardo A. Roca Oliver
29 de julio de 2025







jueves, 10 de abril de 2025

Ciclón Chido

 

Queridos amigos,

En la madrugada del pasado domingo 15 de diciembre, Pemba fue azotada por el ciclón Chido. En la parroquia de San Carlos Lwanga, en Mahate, sus efectos fueron especialmente devastadores. Todos los centros parroquiales, la escuela primaria, el preescolar, el nuevo centro parroquial, la nueva iglesia, fueron afectados. Los techos de todos ellos sufrieron mucho, especialmente los de los colegios y el centro parroquial. Con menos daños se conserva la nueva iglesia, la residencia de las monjas benedictinas y la de los sacerdotes.
La escuela primaria perdió los techos de sus dos pabellones de aulas y el ciclón también arrancó el techo del nuevo centro parroquial. El nuevo edificio para las aulas del centro infantil también se quedó sin techo.




Este mes estamos en periodo de vacaciones escolares, hasta principios de febrero de 2025, cuando comienza el nuevo año escolar. La escuela parroquial fue designada como refugio para personas evacuadas de zonas de alto riesgo, pero la escuela misma sufrió enormemente los efectos devastadores del ciclón. Algunas estancias permanecieron intactas, como la biblioteca y la sala de profesores, donde se han refugiado unas 70 personas desde el domingo. Otro grupo de 100 personas que se refugiaron en la iglesia permanece en las habitaciones del centro infantil que aún resistieron. Todos perdieron sus hogares.
Todavía no tenemos información sobre víctimas mortales. Desde el domingo no hay posibilidad de comunicación ni de electricidad, por lo que tardará mucho tiempo en restablecerse. Sólo en la zona central de la ciudad de Pemba se están restableciendo las comunicaciones.


Desde el domingo continuamos con los trabajos de limpieza en los caminos de acceso al barrio y en los caminos parroquiales. Numerosos árboles arrancados y arrastrados por el ciclón impiden el acceso.
Los refugiados en la parroquia pertenecen a una treintena de casas cercanas que fueron destruidas total o parcialmente. En este momento estamos cubriendo la necesidad principal de alimentos, pero necesitamos urgentemente ayuda para ellos: comida básica, refugio y ropa para niños y adultos. Hay muchas más personas afectadas, ante la información que llega cada día, muchos se han refugiado en casas de vecinos o familiares.
Nos encontramos en una situación de emergencia, que agrava la ya complicada situación de nuestras comunidades debido a los disturbios que siguieron a las elecciones del 9 de octubre y los ataques terroristas que continúan en la provincia.
Sin duda volverán a ser unas Navidades diferentes, intentando superar las dificultades que nos ha traído esta situación.

Padre Eduardo


 

viernes, 6 de diciembre de 2024

Bendita debilidad

 

Posos de Café en Pemba (segunda parte)

Hay una danza africana, preciosa como todas, pero especialmente significativa para comprender África. Los que danzan dan dos pasos hacia delante y tres hacia atrás... Mientras suena, rítmico, el canto del Gloría cristiano que expresa la victoria de Dios sobre el sufrimiento y el mal del mundo, inaugurada en el nacimiento del niño de Belén. Si te fijas de cerca, puedes ver que los que danzan andan hacia atrás, pero queriendo ir hacia delante, porque de hecho caminan dos pasos y retroceden tres. Pero cuando miras de más lejos, te das cuenta de que en realidad están avanzando, porque ya no están en el lugar donde empezaron. Pero no sabes cómo lo han hecho. Sólo más tarde intuyes que los dos pasos hacia adelante son firmes y largos, y lo que se hacen hacia atrás son cortos. Lo más increíble es que esto se hace danzando y cantando... Es una parábola de África, de su respuesta ante el inmenso sufrimiento de la pobreza, la injusticia, la guerra... Se va hacia atrás, porque eso es lo nos hacen esas cosas, nos hacen retroceder, nos hacen perder humanidad, y sin embargo, se avanza misteriosamente, con una esperanza que nace de raíces muy profundas. Los africanos bailan, cantan, gritan de esperanza, y eso son dos pasos firmes y largos que sostienen su humanidad, para que no se pierda en el embate del sufrimiento, y se mantenga en el camino hacia delante... El adviento es cada año un grito de esperanza, un grito nuevo. Es difícil sentirlo así cuando no hay guerra ni sufrimiento en la vida... Bendita esta debilidad de nuestra humanidad que nos recuerda cómo es frágil la vida y eleva nuestro espíritu al horizonte, y nos hace desear al que viene a salvarnos, sí, bendito el fruto del vientre de aquella que lo ha hecho posible. Alguien ha dicho que le dejemos hacer a Dios en nosotros, su destrucción creativa. Como a Pablo, a Madalena, a Mateo, al leproso o al ciego,..., como tiene que suceder en cada uno de nosotros. Hago mios aquellos versos preñados de loca esperanza: "Si eres tú, el que llamas, si es tu espíritu el que habla, muéstrate ... te lo suplico ... sopla, y haz que tu vendaval, tu tormenta dentro de mí, lo ponga todo en su sitio".

Se acerca la Navidad, pero los corazones de muchos hermanos africanos, sedientos de justicia, han secuestrado la esperanza. El llanto de los niños y la sangre derramada están clamando a los cielos, como el profeta, que destilen la paz y la justicia. Dicen que no pueden celebrar mientras no estén felices. Y yo no puedo esperar de otro modo. Ya no me consuelan las luces del belén, quiero ver brillar los ojos de emoción de los pequeños! Ya no me entusiasma la magia de la navidad, sino contemplar las sonrisas de gratitud de quienes se sienten amados, esos que pensaban que no lo merecían. Ya no espero regalos, anhelo por la libertad, la paz y la justicia, los verdaderos dones de la epifanía. Por eso lloro, como el profeta, esta esperanza: "consolad a mi pueblo!, decidle que su lucha ha terminado, que su mal ha sido vencido!" Que la bendición de la debilidad de Dios nos consuele a todos! Santa Navidad de la esperanza!

Pe. Eduardo A. Roca Pemba Mozambique 5 de diciembre de 2024




domingo, 21 de enero de 2024

Las aduanas de África


Acaban de firmar un tratado de libre comercio bastantes países africanos. Es un despegue de esta enorme nave que empieza a sentirse libre de tantas servidumbres y poderes de la política global. Pero está claro que hay muchos niveles de autonomía, así como de responsabilidad y creatividad, entre los actores africanos. Desde realidades todavía dependientes casi en su totalidad de la ayuda externa, pasando por actitudes secuestradas por la experiencia colonial, que están lejos todavía de transcender los límites de la libertad, hasta los más avezados y disruptivos que dan pasos valientes sin miedo a nuevas formas de sociedad...

A varios niveles se producen cambios... También en la Iglesia...

Con tristeza, sin embargo, leo las declaraciones de varias conferencias africanas sobre las bendiciones...

Me escandaliza la arrogancia para poner al Papa en su sitio, de muchos de estos obispos... Ha habido pronunciamientos que hablan de mandar a la hoguera a quien se atreva a bendecir esas personas en situación irregular, aunque está claro que se trata solamente de los homosexuales, porque lo irregular es tan cotidiano en la experiencia de tantos sacerdotes y religiosos africanos que no parece que se quiera hablar de ello...

Me resulta muy difícil entender ese otro escándalo del que hablan las declaraciones, el escándalo de ser misericordiosos. Me vienen al corazón las palabras de Jesús: a quien se escandalice de mi...

¿Como es posible que exista algún creyente en el evangelio de Cristo y sienta escándalo por ser misericordiosos?

No sé si es otra cosa lo que quieren expresar las bendiciones de las que habla el documento de la Santa Sede, creo que queda demasiado claro incluso, que no se pueden confundir con un sacramento... Algo que les ha sabido a poco a muchos otros.


Quizás el documento debería empezar hablando de la Iglesia que bendice porque es misericordiosa, quizás al insistir en la compasión y la misericordia, hubiese quedado más claro el sentido de las bendiciones... Bendecimos a los pecadores que confiesan sus pecados,...por si alguien se cree con atributos para no bendecir a quienes se arrepienten. Bendecimos a todos los que participan y celebran cada domingo en la eucaristía, y nunca creí que aquella bendición dejase fuera a los irregulares, o los homosexuales, o los ladrones y asesinos...


Tengo que repetirlo: no puedo entender a los cristianos que se escandalizan de la misericordia.

Entonces, talvez el problema sea que no creemos en el mismo Dios, o mejor, que no se nos ha revelado de la misma forma, aunque es difícil interpretar de otro modo algunas palabras del evangelio: bendecid, no maldigáis, sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso, no juzguéis y no seréis juzgados...


Al parecer la doctrina cristiana que los siglos han heredado es otra... Y seguimos viviendo otras cosas, y pensando que esas que están escritas no son para la vida.

Las aduanas y los pagos de los vistos para circular en estos países, eso es lo que tiene que seguir conduciendo la vida de tantas personas, aunque muchos no lo soporten más y se alejen irremediablemente.

Estos días se hacen algunos corros después de misa, los más es para saludarse, lo que es ya una bendición que las personas practican sin preguntarse si deben hacerlo. Pero en algunos de esos corros se habla de hogueras y persecuciones, y de matar a los homosexuales, porque eso es una moda europea que está destruyendo la moralidad africana nuestra, tan sagrada...

¡Y tan hipócrita!

Pienso en lo aceptada que está la poligamia entre los africanos, por mucho que la iglesia predique otra cosa. Nadie habla de ello, por eso también es difícil que haya matrimonios... Y cuando los hay no tardan las segundas esposas en desmentir el vínculo...

Es tan normal que hasta puede estar sucediendo con los sacerdotes, o los obispos, y después de todo, como es cosa de nuestra cultura, que los occidentales no conocen y no pueden entenderlo, la iglesia tendría que adaptarse más y no traer otras modas de fuera, como la de los homosexuales.

Entonces me pregunto si también tendría que negar la bendición que doy en la eucaristía cada día, porque no tendré homosexuales, pero estoy lleno de polígamos. Supongo que también son irregulares...

¿O de qué uniones irregulares hablan los obispos africanos que van a provocar escándalo?

O quizás, sería mejor saber quién es el que se escandaliza...

Lo siento, pero no entiendo este escándalo que está provocando la misericordia.

En una discusión de las habituales con los hermanos musulmanes, salió a colación el nombre de Dios como amor, que es solamente uno de sus 99 nombres. Entendí que la originalidad de Jesús tiene que ver con esto, con el darnos un Dios Amor con el que no sabemos qué hacer... Al final, qué puedes hacer o decir ante una fuente de amor inagotable, infinita, incondicional...

Es mejor ponerle otros nombres, para que podamos manosearlo mejor...

En aquella película de Spielberg sobre el comercio de esclavos hubo una escena que sigue dando vueltas en mi cabeza. El viejo presidente de los EUA, para defender la dignidad y la libertad de los esclavos, no duda en lanzarse a la guerra... Debería haber cosas incuestionables, y si alguien llega a cuestionarlas, a cualquier precio, es un deber pararle los pies.


Que Dios me perdone, por supuesto. Soy sólo un pobre sacerdote misionero, en un país africano, tan pobre, que no nos permite el lujo de quedarnos discutiendo si hay que ser o no misericordiosos.

Cada día pienso en el Papa, en estos pasos trémulos que está dando, pero sin arredrarse... Quizás para defender el corazón del evangelio, tengamos que parar los pies de quienes lo han olvidado. Me consuela pensar que el reino de Dios no es esta iglesia, ni ninguna otra, que el papa Francisco, sin embargo, está intentando acercar.

No sé el precio que tendremos que pagar por bendecir y ser misericordiosos, pero en todo caso, yo seguiré bendiciendo...

No hay peor mal que verlo donde solamente hay bien.


Padre Eduardo

Mahate, Pemba