sábado, 12 de enero de 2019

Gracia


Gracia

No podemos estar a la altura del don que recibimos. No somos capaces, es la gracia la que nos ensancha, la que abre nuestra capacidad pobre, un poco más cada dia.
Porque este don lo llevamos en vasijas de barro. 
Eres un don maravilloso, no por lo que puedes o haces sino por la gracia de la que eres portador y misionero. 
La gracia, si, no es tuya, y ni tan siquiera puedes sentirte alguna vez merecedor de ella. No, nunca la merecemos y siempre será un don absolutamente gratuito. Porque lo que puede pagarse ya no es un don. La gracia, si, Ella es suya, Siempre y solo suya. 
Pero es precisamente esto, esta gratuidad, la que nos puede seducir en la pureza de un amor divino. Solo esta gratuidad me puede confirmar en la entrega y la donación de mi ser y mi vida, porque sólo en esta pureza de la relación, cuando sé que nada es mérito mio, y que todo es don de la gracia infinita, encuentro una razón para darme.
Solo puedo responder así, con la donación de mi vida a quien se lo ha jugado todo por mí sin yo merecerlo, a quien se ha dado a mí totalmente, sin que nada de mí pueda pagarlo. 
Cuando creo que el don del que soy portador lo he ganado, aunque sea solamente en parte, entonces ya no es más una gracia donada, y algún día querré tenerlo de vuelta y dejará de ser don para convertirse en mercancía. Y entonces la pureza de aquella relación se habrá perdido, convertida en exigencia y mérito, en cuya búsqueda yo mismo me habré perdido buscándome.
Y entonces ya no seré divino y ya no seré más libre.
En mi oración y en mi bendición de este domingo suplico que nada pueda hacerte perder el don de un amor tan puro, el cimiento de la libertad más verdadera.
Recibir un amor así, totalmente inmerecido, absolutamente incondicionado, es experimentar esta libertad. Y puede ser la experiencia de nuestra vida para siempre si así la quiero, aunque este don se entregue en la humildad del servicio de cada dia, así donado e incondicional, por todos y por los más pequeños.
Don y tarea que acompañan la historia de nuestra vocación en medio de la humanidad herida, en el dolor del corazón pobre y entregado... no busques nada más y no creas que algo de ti que El no haya hecho suyo, puede darte lo que tu corazón anhela. No hay en ninguna otra parte una libertad más profunda y fuerte que esta.
Hoy, mientras camino por las calles polvorientas de África, entre el barro y los jirones de tantas vidas rotas, para llevar la bendición del agua pura de pascua, siento correr la sangre y el agua, que siguen brotando del costado abierto, fluyendo silenciosa pero poderosamente, por las venas de esta historia que nosotros vivimos, por los que no quieren vivir, y veo que una bendición, una siembra de santidad y de tiempo entrañado de eternidad, sigue cubriendo la tierra y sigue gritando a la humanidad para que no cese en su donación del amor, la maravilla del amor que ya nada puede encerrar, porque ya no puede morir.

Berakah, parabras a un amigo que mañana quiere darlo todo al amor.
 
5 de mayo de 2018







martes, 1 de enero de 2019

Por la Paz


Por la PAZ


Hoy en Pemba. Una marcha por la paz. Porque no podemos celebrar mucho el año nuevo cuando media provincia está siendo atacada por terroristas y mucha gente tiene que huir de su casa. Hoy, en un gesto sin precedentes la diócesis tomó la decisión de suprimir las celebraciones en todas las iglesias y concentrar todos los esfuerzos en una iglesia de la ciudad y en una marcha por la paz. La Navidad la pasamos en medio del drama de muchas familias y en la amenaza a la paz y a la estabilidad social... Ahí es donde tenemos que ser un silencioso servicio a la justicia que dará como fruto la paz.

Feliz año nuevo!
Un abrazo enorme

Pemba, 1 de Enero, 2019






viernes, 14 de diciembre de 2018

Adviento



Adviento


Hoy al volver de nuestra pequeña campaña de navidad he escrito esto. Te lo comparto.
Hoy hemos empezado a llevar algo de comida a los más pobres... Un pescado congelado y un poco de arroz y legumbres. Son tantos que solo llegamos a algunas casas.

La madre de Dorita lavaba la vacía con la arena del suelo porque no tiene jabón, mientras yo le aguantaba a la pequeña. Ella está saliendo de la malaria pero no puede pensar mucho en si misma.
He pasado un tiempo después de ensayar cantos de Navidad con algún joven de la comunidad, en el quintal de su casa, pero no tiene nada... Ella, Dorita ha cumplido cuatro meses. Y me tiene el corazón robado.

Siento que no soy digno de su pobreza. Y sin embargo me indigno y me lleno de impotencia... Y siento que él solo ha podido venir al mundo para estar con ellos.
Hay algo de sagrado, y algo de muy injusto.
En alguna casa el abuelo no ha dejado de agradecer y nos ha cubierto de gracias... Hoy no tenía nada...
Los niños miran con ojos enormes... No sé cómo encajar esos ojos durante la noche. A muchos tengo que decirles que ahora no puedo, a otros solo un poco... Y me doy cuenta que quizás me voy volviendo pobre... Y que empiezo a entender algo que solo ellos entienden. Que no sé qué tendré mañana...
Pero ellos entonces están más cerca, y ahora saben que no tengo como defenderme, y que soy, más un poco, como ellos.
Y cada día, hay alguien que  necesita que esté...
Tengo muchos portales en Mahate... Y brillan estrellas encima de cada casa, y en cada esquina, y hoy agradezco el calor que hace la pobreza menos dura...
Mañana no sé a cuál seguiré, pero quizás tenga solo que dar otro paso y uno más... Y de esta casa hasta la otra, intentando ser ese cobijo y ese descanso de Jesús aunque solo sea un instante.
Supongo que es por eso que ya no la vemos, a la pobreza... Porque no se puede vivir después de verla y seguir tu camino sin cargarla contigo.
Casi no hay luces en esta Navidad de Mahate, porque están dentro...
Hoy mis lágrimas, sin quererlo, me han despejado la vista y he empezado a verlas, donde no era capaz de hacerlo desde hace tanto tiempo ...
Quisiera que ya no sea solo un instante, o unas horas, o unos días... el tiempo que me quede sentado y aguantando en mi regazo a las pequeñas, y así descansar a sus madres. Esa luz de dentro, la que se les derramaba fuera, me ha hecho conocer el cielo.
Y aún me suena el estribillo del abuelo que esta tarde ha cubierto este Belén con la frescura del agradecimiento.
Y, con todo, me duele algo por dentro....

Posos de Adviento
Mahate Pemba








lunes, 17 de abril de 2017

Una silenciosa ola de misericordia...


Una silenciosa ola de misericordia…


Hace poco más de una semana que he vuelto a Pemba. Con el calor, algo menos fuerte de lo que un mes atrás dicen haber pasado, también he reencontrado tantos rostros amigos, hermanos, familiares ya todos ellos, y siempre alguno nuevo, en esta espectacular e inagotable cascada de vidas humanas que caracteriza a África.

Sí, la vida se prodiga en África, o no la hay o es de una abundancia desbordante… y donde hay mucha vida, también hay mucha muerte. Es como si todo en África tuviese aquel carácter de la demasía, de lo que sucede para dejarte muy claro que eres muy pequeño, y sin embargo es también este exceso de todo el que se impone al corazón y la conciencia y te hace aunque no lo quieras, contemplativo. Una y otra cosa están sin duda conectadas: ser pequeño y ser contemplativo.

Es víspera del domingo de Ramos y otra vez aquello que vivimos en nuestro día a día se nos impone y esta vez nos da ese tono de pasión y semana santa que ya estamos empezando, un tono que en tantas otras realidades se acoge apenas rutinariamente, sin que haya demasiada relación entre el altar y la calle… Pero para mí este año es más intensa esta celebración del dolor y la muerte que otros años.

Ya van cinco días desde que uno de los jóvenes de la comunidad me mostró un video corto que, al parecer, se está compartiendo por los teléfonos de musulmanes y cristianos de aquí y, me supongo, por tantos y tantos lugares que no somos capaces de prever. Muchas personas en África saben escasamente leer, pero eso no les impide saber hacer funcionar un teléfono y descargar un video. Los teléfonos son a la vez más complejos y más intuitivos, y personas muy sencillas, personas que pueden ser muy manipulables y a las que juzgar la realidad se les hace muy difícil, tienen un fácil acceso a contenidos de muy diversa índole y entre estos no faltan algunos de extrema violencia. Desde que intenté ver ese video y desde que me negué a seguir mirando, y hasta hoy, intento asimilar algo nuevo en la vivencia de la semana santa. Como si una experiencia del imaginario de repente se hubiese hecho real, como si una distancia que nunca creíste que algún día has de recorrer, te hubieses visto, sin querer, obligado a cruzar. Ese video ha sido para mí una especie de fuerza que me ha arrancado de un lugar en el que me sentía tranquilo, a un lugar de desconcierto y desazón, un lugar donde no es posible serenarse.

Hombres de blanco con barbas largas arrastran a más de una decena quizás de otros hombres vestidos de naranja, en una especie de cobertizo, mientras se oye canturrear en árabe (en una cantinela muy parecida a las recitaciones del Corán de las mezquitas, pero no puedo entenderlo…), uno a uno son como presentados a todos los que asistirán a estas imágenes, y uno a uno se les degüella, en una especie de sacrificio al que parecen estar invitando los hombres de blanco, ofrendas de sangre a un dios de muerte… no conseguí ver más allá de la primera escena, levanté mi mano para cubrir lo que me parecía demasiada violencia, demasiada crueldad, quizás demasiado sagrado. Porque si alguien puede hacer algo con esto, tiene que ser un Dios al que le hayan sacrificado de este modo.
Y de repente, me sentí lejos, muy lejos, de entender siquiera un poco el sacrificio de la pascua… comprendí que he sido puesto al pie de la cruz de estas vidas, y de todas las vidas que están siendo sacrificadas… y tengo que decidir si permanezco de pie, si supero esta prueba y me entrego a la consolación de cuantos se mantienen allí en la brecha de todas las heridas de este mundo, o me escondo para no ver, ni sentir, ni responder… y de repente también vi toda mi indiferencia, esa mirada que se aparta, que no quiere ver, y esas manos que se esconden, y ese rechazo del dolor, y mi amor, tan vacío y pobre.

Hoy, mientras escribo, no me asusta tanto lo que pueda desencadenar este tipo de mensajes, me asusta mucho más el pensar que pueda malograr mi vida, que todo esto suceda sin que me entere, escondido en mis agujeros, mientras muero. Entiendo un poco más qué significa que la muerte hay que escogerla. Aquellas palabras: nadie me quita la vida, yo la doy.

Antes de Ramos, cuando preparo las palabras de la pasión, ya no consigo leer de otro modo. Miro a mis vecinos y a casi todos los habitantes musulmanes de mi barrio y alrededores, la mayoría, y no puedo evitar conectar algunos mensajes, pero no quiero dejarme ir por ahí. Hay otros, entre ellos, que hacen buena su religión… porque así es, somos sólo nosotros quienes hacemos que una fe sea buena y merecedora de confianza. Sé que, a otros niveles, donde se juegan los destinos de las naciones, las tensiones se agudizan, las convicciones se manipulan y oscurecen. En medio de esta desazón y de tantas preguntas calladas, en medio del ruido interior, esta tarde nos hemos encontrado para celebrar el perdón. Tal vez unos cincuenta o sesenta cristianos nos hemos rendido ante la misericordia y hemos pedido al Espíritu que sople dentro de cada uno ese perdón para poder ofrecerlo a los otros. Mientras se acercaban, uno a uno, para recibir la bendición, muchos de ellos postrados en la humildad de la tierra, he sentido como se levantaba una ola, una ola callada, de redención y misericordia… y el viento soplaba. Y entonces, algo desde muy dentro y desde más allá me ha confirmado que este es el camino que está salvando al mundo.

Creo que nada puede parar esa fuerza de resurrección que palpita en las venas de la tierra, aunque no la sintamos, o sólo algunas veces. Y que de lo más hondo, poco a poco, en la medida de la ternura, todo se va transfigurando… hasta que su brillo y el nuestro ya no puedan distinguirse.

Os deseo una intensa Semana Santa de todo corazón


Eduardo A. Roca Oliver

Pemba, 7 de abril de 2017




domingo, 7 de agosto de 2016

Cruz, Estrella, Luna y demás



Cruz, Estrella, Luna y demás...






La puse como intención en una página de rezadores... si es de Dios que El lo diga. A pesar de aquella advertencia: no tentaras al Señor tu Dios. Al otro dia el albañil que lleva los trabajos de la escuelita, de aquí del barrio, que piadosamente interrumpe todos sus que haceres cuando oye la llamada del minarete, me dijo: hemos de hacer una iglesia nueva, construir de verdad y no de mentira.



Entended que el proyecto inicial consistía en ampliar la fachada de la primitiva capilla, en la que no cabemos los domingos. Esta ampliación es la que le parece a Said un algo hecho de mentira. Tampoco le interesa el dinero... por si se os ocurría pensar.

Me trabaja como sólo un amigo lo haría.



En medio de tanta reacción respiramos aqui aire más del reino.

Lo que sí se me ocurrió fue, despues de casi dos años, habiendo apenas cruzado un Buenos días, llamar al judío mi vecino. Un empresario fuerte venido de Israel que ha levantado su mansión a lo africano justo al lado de nuestra humilde misión. No se acobarda a la hora de mostrar su poder. Siempre he tenido alergias a esta gente... por esa prepotencia que no esconden. Pero cómo son injustas tantas veces nuestras sensibilidades! Hacia poco que el judío me dejó con la boca abierta. Cuando un enorme árbol de la familia de los baobads se nos calló delante de la entrada de la escuela y alli permaneció varios meses. Ya casi del paisaje el enorme tronco impedía que pudiésemos poner la cerca. El judío lleva una motopala para acercarse a las copas de sus cocoteros y fumigarlos. Así que me acerqué y le pedí al chófer de la motopala si podia movernos el tronco tan sólo unos metros. Llame al patrón -me dijo. Me oyó: paseme con el chófer. Cinco minutos después la motopala empujaba el tronco y nos liberaba del problema sin pagar un metical. Con la boca abierta... Pero de aquel dia ya pasaron unas semanas.


Volví a llamar al judio. El dia después de la oración. Le espero en el camino que salgo ahora de casa. Justo lo que necesitaba. Decirle que necesitaba que apartase el camino, que lo alejase del terreno donde podría intentar levantar la iglesia. No hay problema padre, akuna matata! Ningun problema... dijo. Y seguidamente: pero qué quiere hacer? Y le explico. Y entonces se produjo algo muy especial. Pocos minutos después la motopala estaba sobre el terreno lleno de abrojos y piedras y en poco tiempo preparaba el terreno y empezaba a marcar el nuevo trayecto del camino.



He pensado poner en la fachada de esta iglesia si es que la termino junto a la cruz una estrella y una media luna y después llenare los espacios que queden de muchos nombres.



Todos los que estos dias me ayudan, recuerdan y rezan.... para que el reino sea posible.



Unos posos de café...






sábado, 23 de agosto de 2014

De Herodes a Pilatos



De Herodes a Pilatos





Pero, ¿para qué me sirve a mí la ética?, nos preguntó el gobernador de
esta enorme provincia del Norte de Mozambique. Y añadió: yo solo tengo
dinero y lo que necesito son técnicos, nunca lo invertiré en nadie que
esté formado en ética. Un hombre adusto, demasiado seguro de sí mismo,
me pareció. Y para según qué cosas eso debe ser muy bueno. Y sin
embargo debe ser verdad que la peor ceguera es no querer ver: la
corrupción, el estupro, la humillación, las vejaciones, y tantos otros
nudos que tejen la red de este país.


Nos recibió en audiencia después de que en un encuentro fortuito le
comunicase al obispo que el ministro de educación iba a llegar de un
momento a otro con el objetivo principal de cerrar la escuela de
ética. Hacía días que se estaba preparando algo. Ya en febrero la
dirección provincial de educación se negó a recibirnos, sin ninguna
explicación. Desde el año pasado hemos estado preparando toda una
documentación exagerada para el ministerio de educación. Una parte
importante, quizás la que más, ya fue entregada. La escuela de ética,
la razón por la que fui a Mozambique, es una realidad muy pequeña,
parece mentira que suponga una amenaza, todavía no sé muy bien para
quien. Después de estos meses, ahora, en un futuro incierto, consigo
mirar con algo de esa indiferencia tan necesaria que constituye la
libertad. Más que darme respuestas a tantas preguntas dolorosas, he
pintado un icono: una raíz, minúscula, insignificante, sin ningún
poder aparente, que resquebraja una enorme montaña de roca, casi en la
base, se ve como despunta apenas un brote pero una grieta se abre,
cada vez un poco más, y la montaña se estremece, porque algo en su
interior ha decidido destruir su enorme y milenaria consistencia.
Hoy tengo la seguridad de que no hay en la tierra poder capaz de
exterminarla, por una razón muy sencilla, porque su poder no puede ser
sorprendido, porque nace de dentro, del secreto de la vida que una y
otra vez se abrirá paso en un mundo sembrado de muerte.
En estos momentos no sé qué será de mí, ni de la escuela, ni de tantos
proyectos que esta iglesia del norte, en medio de un Islam que va
despertando, todavía sueña. Al parecer la nueva Sunna musulmana, la
que pretende el nuevo imperio de los fieles desde Siria hasta Irak,
empieza a despertar a sus hijos e hijas allí donde el odio todavía no
había llegado. Alguien a quien consideraba un alumno sensato me ha
dicho: a usted el día de la resurrección Dios le preguntará por qué no
se hizo musulmán. Mi tolerancia, mi actitud dialogante, mi respeto y
comprensión, curiosamente, las interpretó como una voluntad oculta,
quizás cobarde, de conversión al Islam.



Le cité al místico sufí: quien
tiene la enfermedad que se llama Jesús ya no se cura. Pero los sufíes
no son verdaderos musulmanes, son filósofos, me dijo. Después de una
hora de intentar en vano encontrarnos nos despedimos. Supe que nuestra
religión cristiana contiene 55000 errores… pero no quise saber
ninguno. Y, resulta, que eso es lo que se dice por los minaretes, para
que todos lo sepan.


El señor que vende las patatas me abordó hace unos días: tiene que ver
esto, me dijo, señalando una pequeña televisión. Un musulmán recién
convertido del cristianismo demostraba a los oyentes, con pruebas
arqueológicas, que la resurrección de Jesús fue una mentira. ¿Usted
cree en Dios, verdad? Pregunté. Por supuesto, respondió. ¿Querrá Dios
que los hombres se odien y se maten unos a otros? Volví a preguntar. Y
me miró con un rostro que no sabría interpretar, pero no dijo nada.
Pienso que es muy posible que estos sentimientos que incitan al
rechazo, al odio y a la violencia, canalizen las frustraciones de la
miseria hacia cualquiera que no sea el único culpable: la injusticia
de un mundo en el que pocos tienen casi todo y la mayoría no tiene lo
indispensable.


Como no entender las reacciones del poder hacia la escuela de ética,
si resulta que en ella se apunta principalmente al verdadero culpable.
No me gustaría que, por estas líneas, algunos piensen que estamos
sufriendo una persecución religiosa. No es así. Pero la paz no es paz
si es solamente el silencio de las armas. Algunos amigos musulmanes
miran con tristeza a este despertar. Y en lo que se refiere a nuestros
conflictos, para bien y para mal, todo está mezclado, lo político y lo
religioso, lo étnico y lo cultural, y en la base lo más natural del
ser humano, los instintos de dominar y destruir que sofocan a sus
contrarios, los verdaderos instintos de amar y proteger. Quizás los
siglos que el cristianismo ha vivido le han llevado a una mayor
madurez, a un convencimiento más claro de la necesidad de la paz, y es
posible que esos siglos el Islam también tenga que pasarlos.


Pero dejadme que vuelva a la pequeña historia de la escuela.
Hace unos años, un obispo del sur, de gran corazón y sensibilidad
hacia los más pobres se propuso este sueño, profundamente evangélico.

Una escuela para formar alumnos más pobres, la intuición de la
libertad, del pensamiento capaz de mirar críticamente para ayudar a
crecer. El grito de alarma de un pueblo sometido a las más
contradictorias fuerzas del desarrollo y de la globalización, se
convirtió en el grito profético del centinela. Y la escuela empezó,
sin saber muy bien en qué quedaría, pero animada, ilusionada, al poder
generar un espacio de dialogo en libertad. Los acuerdos Iglesia-Estado
permiten que la Iglesia abra sus centros de formación, donde sea que
ella esté asentada. Toda África está sembrada de realidades misioneras
que han llevado y siguen llevando consigo, por todo lado, educación y
salud, unidas al Evangelio. A toda persona y a la persona toda, son
palabras que resuenan en el Evangelio de la Alegría.
Con el andar del tiempo, la escuela creció, aunque no lo hizo en
grandes dimensiones pero sí las suficientes para que se pudiese soñar
algo más: quizás una escuela superior que ofreciese una educación que
pudiese ser reconocida. Se fortalecieron sus contenidos, se adecuaron,
se añadieron. Cada paso que se daba se comunicaba debidamente a la
dirección provincial de educación. Incluso se pidió asesoramiento que
fue siempre respondido. Desde la sencillez, así lo creo, se siguió
caminando hacia delante, con confianza pero también con parresia.
Siempre hubo la conciencia de las muchas exigencias que constituir una
escuela superior conllevaba: dar la talla no es fácil para nadie, pero
en el fondo todo depende de la buena voluntad de quien se decide a
correr el riesgo y de quien puede sostenerlo si es preciso. La escuela
pidió entonces, en el año 2011, una protección especial a la
Universidad Católica de Mozambique, una afiliación, que por supuesto
también fue concedida. Mientras, la escuela intentaría responder poco
a poco a las exigencias del Ministerio para los centros superiores.
Pero algo sucedió en el entre tanto, o mejor, sucedía ya desde unos
años atrás. Aquí y allá Mozambique descubría su riqueza natural:
inmensas bolsas de gas natural, petróleo, piedras preciosas, rubíes y
oro, yacimientos vírgenes de carbón… un país que se consideraba
tranquilo por sus pocos recursos naturales, de repente despertaba la
codicia de las multinacionales. Y como ha pasado siempre con el ser
humano, la tentación de aprovecharse, del poder que solo habla el
lenguaje del dinero, germinó y creció en el corazón de los que tienen
en sus manos el destino de los pueblos. El discurso político se
enalteció, en muy poco tiempo se pasó de la preocupación por lo más
pequeño, lo micro, a lo más grande, a lo macro. 
Y la ilusión, el

fantasma, que provoca siempre la posibilidad del dinero, cegó los
corazones.
Y así, poco a poco, se va imponiendo el olvido de las personas.


La escuela también vio en su espejo, no sólo esta sino tantas otras
realidades, muchas de ellas silenciadas. El espíritu de la Justicia y
Dios nos hacen responsables. A quien mira de verdad no le es posible
volver la espalda. Pero se necesita una gran humildad para aceptar que
somos responsables del daño que sufren nuestros semejantes, y la
humildad no se entiende con la arrogancia del poder y del dinero.
Por esta razón y quizás por muchas otras que se pueden resumir en la
incomodidad o la amenaza de la conciencia, tuvo el obispo que
abandonar esta Iglesia. Pero él había dejado en la escuela una parte
de su espíritu. Porque el profeta siempre deja una parte al profeta.
El nuevo obispo recogió esa parte y sigue hoy haciendo profecía, y a
veces, sin saber cómo, el espíritu se multiplica.
La escuela siguió su marcha. Hoy, ya con dos grupos de finalistas.
Toda la documentación que fue exigida para que se abriese el proceso
de reconocimiento de la escuela se entregó al ministerio. Una carta de
presentación de la Directora Provincial de Educación la encabezaba. El
ministerio respondió pidiendo a la escuela que preparase nuevamente la
documentación según marca la reformada ley de enseñanza superior.
Entre diciembre del pasado año y enero del corriente el ministerio de
educación y la escuela de ética intercambiaron correspondencia. La
última carta que se mandó al ministerio pedía con humildad que se
revisase la documentación ya enviada y que se indicase lo que
estuviese faltando. No hubo respuesta. Con todo, se empezó a preparar
de nuevo la documentación siguiendo las indicaciones de la nueva ley
de enseñanza superior.


Así estaban las cosas cuando la escuela recibió la noticia de su
inminente cierre. Cerca de 80 alumnos en pleno curso, mucha esperanza
invertida, un espíritu de libertad, amenazados a quedar en nada.
Durante este tiempo, el Centro de Investigación y Observatorio Social
que anima la escuela había realizado algunos estudios importantes: uno
sobre tráfico de seres humanos, otro sobre el asedio sexual en las
escuelas por parte de los profesores, jornadas pedagógicas dedicadas
al tema de la democracia en África, varios seminarios y debates sobre
la realidad social del país… temas todos ellos de la realidad
presente, sobre los que se hablaba con datos reales, oyendo también a
diferentes autoridades académicas. Pequeñas piedras que quizás al caer
de lo alto de la montaña pudieron provocar que otras mayores se
soltaran… pequeñas y sencillas verdades de una pequeña escuela. O
quizás algo que crece humildemente, y resquebraja la roca…
Con la noticia del cierre, llamamos al Magnifico Rector de la
Universidad Católica. Teníamos la confianza de la afiliación. Se
personó, juntamente con el Director de la facultad de ciencias
sociales y políticas a la que teóricamente estamos afiliados, y tras
una larga reunión para concluir que el ministerio nunca había recibido
ninguna documentación de la Universidad por olvido, dejadez o no sé
qué pensar, y que, por tanto, de hecho, la escuela no existía
legalmente, se decidió que la misma Universidad asumiría la
responsabilidad de deshacer el entuerto, consciente de su compromiso.
Durante varios días yo no era capaz de entender todas las cosas que
estaban pasando. Hoy estoy convencido de que existe una voluntad
política contraria hacia la escuela y de que lo que se está queriendo
cerrar, en este caso matar, es al Espíritu de libertad, del evangelio,
que anima y ha animado siempre su existencia. Pero además no sólo
desde fuera, sino también desde dentro.
Si esperaban que el espíritu que el profeta dejara caería en el
olvido, no podían estar más equivocados. La escuela se ha vuelto en
una carta de presentación para el nuevo pastor de esta Iglesia, y no
renunciará a ella sin luchar mucho. No lo haremos.
Inmediatamente la Universidad Católica nos puso a trabajar, a preparar
de nuevo toda la documentación… las exigencias para la enseñanza
superior se sitúan con la nueva ley muy por encima de nuestras
posibilidades. Por supuesto que prácticamente ningún centro superior o
universidad las cumple, pero tampoco ninguno de ellos se ha vuelto
incomodo como el nuestro. Quiero decir que nuestro lenguaje no ha sido
en su tónica beligerante, sino antes bien un lenguaje de dialogo,
desde la profunda convicción de que es posible caminar y crecer juntos
hacia un mundo más humano y justo. Pero eso al parecer no importa. No
le importa al gobernador, no le importa a la directora provincial de
educación que despachó el pasado año toda la documentación pero que
hace unas semanas se atrevió a decir que ella no tenía noticia de la
existencia de ninguna escuela de ética en la provincia, delante del
obispo y mío.


Desde hace un mes intentamos que el ministro de educación nos reciba
en audiencia, para poder presentarle la escuela. Al parecer el próximo
día 25 podrá ser. La universidad católica está intentando que la
escuela pase “formalmente” como una facultad más de su currículo. La
verdad es que ahora nos interesa salvar la escuela. Lo que en mi
interior guardo es, simplemente, la fuerza para negarme a permitir que
la escuela deje de ser para aquellos que menos pueden.
Tenemos todo aquello que nos han exigido, salvo lo que nuestra
realidad pobre nos impide asumir.



Al final, si es de Dios, no importa
quién se esfuerce en llevarnos la contraria, porque no es posible
luchar contra Dios y salir ganando, salvo cuando en el amor el mismo
Dios se inclina ante el ser humano. Pero para eso el amor tiene que
ser mucho. Y si mi poco amor sirve de algo será para que su gracia más
y más se manifieste.


Hace tiempo que no escribía unos posos de café, durante este tiempo me
costaba verlos. He vuelto a verlos hace poco, sólo cuando he podido
empezar a separarme, a mantener cierta distancia, quizás cuando he
sabido salir del agua en la que he permanecido sumergido.
Todo, sí todo, es gracia. Y si el amor no soporta el silencio, por
ello os pido disculpas, el silencio madura la espera. Todo será para
que el fruto de estas amargas raíces sea muy dulce a nuestros labios.




Posos de café en Pemba 53. Agosto de 2014.




viernes, 21 de marzo de 2014

35




35






35 es tan solo un número, uno de los infinitos números... hoy, sin embargo, es un número de dolor. Me pregunto si no será también el dolor infinito, como lo son los números, si no será nuestro destino el del dolor acabado como cuando una obra de arte recibe la última mano, después de tanto tiempo y esfuerzo en ella invertidos. Me dicen que tengo el don de expresarme, como si mis dedos tecleasen solos las ideas... pero yo sé que cada frase, y a veces cada palabra, son como surcos en la tierra, en cierto sentido como heridas, y al final aquello que queda, la secuencia de pensamientos, sentimientos y deseos, es como algo alumbrado no sin haber dejado atrás sombras y silencios.

Ha venido a verme el administrador del barrio con la noticia. La lluvia abundante de estos días se ha llevado 35 casas en uno de los barrios más pobres de Pemba. Poco tiempo después me informaba que en Mahate sólo eran cinco. Y un poco más tarde ya casi todos tenían un numero, de los diferentes barrios, de las aldeas cercanas, los monzones no se recordaban tan furiosos. Familias enteras sin encontrar refugio, en medio de la tempestad... las autoridades han acudido a lo peor, allí donde se ha sufrido menos seguirá el olvido, ahí no ha sido tanto el daño, porque de hecho todos tienen que afrontar el mañana, duro y amenazante, y sobrevivir es la única ley que ahora importa.

Los alumnos no aparecen a clase. No se han dormido, se han quedado sin lugar donde dormir. Sólo consigo guardar silencio, más silencio, y sombras, y esperar a que llegue ese momento en que pueda decirlo. Algunos creen que dramatizo, que va conmigo, que engrandecer lo sucedido es uno de mis defectos, pero hoy es uno de esos días en los que quisiera que fuera cierto. 

A muchos de mis hermanos de la comunidad las aguas torrenciales no se les han llevado la casa. Sólo no han podido descansar porque se les inundaron...

No importa demasiado, su fortaleza es increíble, no se llevan con ellos la sombra que a mí me oprime, porque mi casa es segura, aguanta y no se la llevará la lluvia.

Mientras escribo esto las lluvias parecen haber suavizado su caída. Podríamos estar más preparados, es verdad, pero lo que es posible para algunos no lo es para muchos. Quizás es en parte porque nunca aprendemos, pero la naturaleza puede ser devastadora, el pasado año fue la vez del centro y del sur, este es sencillamente el destino que tiene que llegar un día. Creo que hay algo de muy malo en el destino, algo verdaderamente fatídico, y sin embargo, como la rueda del tiempo no es posible alejarse ni huir de ello.

Las vidas que en estas lluvias cesarán quizás tendrán quien las llore, pero siempre serán el precio que hay que pagar en lo que es una lucha por sobrevivir, una competición de la que algunos saldrán vencedores y podrán contarlo un año más.

Cuando en enero un sobrino mío me contaba la trama de uno de sus libros, con el curioso título de "juegos del hambre", me sentía incapaz de entenderlo, hoy me consume el miedo al verlo demasiado claro. No quiero creer que algo así sea real, no quiero aceptarlo.

Si los problemas de más de la mitad de la humanidad condenada a competir en los juegos del hambre no se resuelven es porque estructuras de poder sin piedad así lo han decidido. Cierto que los más valientes podrán jugar sin hacer daño o haciendo el menor posible, pero que algo, (una política, una ideología o una religión) pueda justificar esto no soy capaz de entenderlo.

Siento desde mi lugar que todo el mal que las personas se infringen no es sino una falsedad, una máscara que oculta el verdadero mal, el más radical, el que nos justifica en un mundo al que protegemos con una alambrada de cuchillas...


No podemos permanecer parados, es tiempo de despertar al mundo, pero sólo si nosotros estamos verdaderamente despiertos sucederá algo. Lo peor de la miseria es ese poder de seducción capaz de hacer que uno se acostumbre a ella. Y no es tan distinto cuando es de dentro. Hay una llamada de la vida que clama porque se ahoga y espera nuestra respuesta. El más peligroso silencio es el de aquellos que no hacen nada.


Posos de Café en Pemba 52, 20 de Febrero de 2014.