sábado, 14 de agosto de 2021

Nuestro Bien...

Hay una relación proporcional entre el grado de encarnación en una realidad y la fuerza que alcanza la cruz. Pero qué mal me suena decir esto con estas palabras, e intentar nombrar lo que no se puede. Además, tendría que añadir aquí, a la fuerza de la cruz, la gracia de la resurrección. Lo que es aún más difícil, porque lo de la resurrección es menos evidente, es ese lugar donde sólo la fe alumbra, pero se hace más necesaria no por lo que vivimos de hecho, sino por lo que esperamos...

Pero uno comprende que ciertas situaciones amenacen la esperanza.

A la cruz, sin embargo, hay que enfrentarla, cuando venga, como venga. O lo haces o huyes.


La complejidad de África no se pone de manifiesto únicamente en el mundo de las relaciones sociales, también la vivencia de la encarnación, la forma de amar, sufrir, gozar y morir, están penetradas del misterio africano.

Lo que es indudable es que hacer nuestro el evangelio implica revivir la historia de la salvación en nuestra carne... De un modo suplementario, pero en una verdadera historia de encarnación.


Debe ser por esto que ahora miro al mal y lo veo, como si se estuviese preparando para el sacrificio... Confabulando y maquinando en otro sanedrín, la manera de confeccionar la trampa...


La profunda felicidad que siento al acoger la sonrisa de niña de África, que se abandona en mis brazos, después de más de dos décadas esperando, merece la pena y el sufrimiento injusto de la cruz...

Este abandono, esta ternura, esta confianza, no pueden medirse ni compensar ninguna ración de dolor, ellas se sitúan más allá, en la dimensión del mundo renovado, donde la luz ha desvanecido toda oscuridad.


Pero al abrir los ojos, no puedes dejar de mirar en el camino duro de la subida, porque ahora sabes que esperan un paso en falso, acechando en la oscuridad, para empujarte al abismo...

A veces, en el sueño de la noche, tropiezas y caes, y no parece haber un fin, pero después de todo aquel miedo, unas manos te sostienen.

Son las manos, las que acunaban las mías en las noches de soledad...

Los sanedrines existen para que este misterio se realice. No es cierto que tu alma lo acoja, no. Yo no quiero beber ese cáliz...

Quizás la imagen que más adecuada me parece es esa gran losa cubriendo la gruta del sepulcro. Y es curioso que mis amigos musulmanes me estén ayudando en este contexto... El Espíritu surca los cielos que todos respiramos...


Una parábola suya cuenta que una vez tres hombres quedaron encerrados en una mezquita donde se habían refugiado a pasar la noche de camino a otra ciudad. Al levantarse encontraron una enorme roca sellando la entrada y los ventanucos estaban demasiado altos y eran demasiado pequeños para pretender salir por ellos. Solo Dios podía haber puesto esa enorme piedra en la entrada e impedir su camino, se dijeron, y empezaron a pensar cuál debía haber sido su pecado para merecer eso.


Así pasaron horas... Y muchas cosas malas, unas pequeñas y otras grandes pasaron por su cabeza. Quizás pedir perdón de todas ellas aplacaría el enfado de Dios y tendría misericordia. Pero ninguna de las oraciones de penitencia tuvo cualquier efecto, ni las lágrimas de arrepentimiento, ni las promesas de conversión, sirvieron para algo. Allí, pesada y enorme permanecía la roca.


Tras un largo silencio, uno de los tres dijo en voz baja: quizás el Señor no quiere nuestro mal sino nuestro bien, quizás no le estamos dando lo que Él quiere. Y empezó a contar algo muy bueno que había hecho hacia sus semejantes, cuando después de haberse visto obligado a cerrar su negocio, decidió indemnizar a todos sus trabajadores. Uno de ellos no había venido a recibir su dinero y él lo utilizó para intentar nuevamente levantar su empresa. Y lo consiguió, llegando a construir una obra incluso mayor que la otra, pero pasados tres años aquel trabajador apareció a reclamar lo suyo. Puesto que la nueva empresa había sido posible con el dinero de la indemnización, decidió entregársela a su trabajador, que se volvió así en su dueño. Entonces le dijo a Dios: este bien que hice te entrego. Y la enorme roca se deslizó unos centímetros dejando a la vista una rendija del exterior.


Admirados, los dos restantes comenzaron a pensar en algo bueno que hubiesen hecho hacia los demás.

Y así contó el segundo. Hace unos años el hambre se cernió sobre la aldea donde vivía porque había sido un mal año de lluvias. Una sobrina se aproximó de él para pedir ayuda en alimentos, para ella y sus hijos pequeños, y él le dijo que la ayudaría a cambió de unos favores sexuales. La joven se negó y volvió a su casa apesadumbrada. Unos días después volvió a pedir ayuda y esta vez ella accedió a pagarle. Triunfante por su victoria, el hombre preparó la habitación y recibió a la joven en su lecho, pero antes de tocarla, ella le preguntó: pero, tú no temes a Dios? Y en ese momento, cayendo en si, suplicó el perdón y entregó a la joven cuanto necesitase para dar alimentos a su familia, y lo siguió haciendo hasta que el hambre dejó de acuciar.

Un instante después de hablar la gran roca empezó a moverse otra vez y ya dejaba espacio para poder observar el exterior pero no el suficiente para atravesar.

Entonces habló el tercero. Era un joven con hijos pequeños y padres ancianos que había hecho un largo camino en busca de leche para sus hijos. Su familia no era abastada, pero conseguía mantenerse con dignidad. Había decidido llevar a sus hijos un regalo especial, y un lujo en las aldeas pobres africanas, una bota de leche fresca. Al llegar en casa ya anocheciendo encontró a sus hijos acostados y a sus padres ancianos en el anexo de la quinta. No había carbón en su viejo fogón y él supo que no habían cenado. Recordó las palabras que el imán de la aldea recordaba a menudo, honrar a los ancianos, respetar a los padres... Y entonces ofreció la leche de sus hijos a sus ancianos padres. Dios también tendría que acoger con agrado esta buena acción.

Y en efecto, la gran piedra acabó deslizándose del todo y dejando al descubierto la entrada de la mezquita.


Por cuál de todas las cosas que hice me condenáis?... Preguntaba Jesús al sanedrín. Pero no era por ninguna cosa buena que había hecho, sino por hacerse Hijo de Dios, por mostrar un camino de salvación.

Las grandes piedras que nos cierran el camino se apartan si damos a Dios nuestro bien, no si le damos el mal que hemos hecho... Algo de lo que los tambores africanos son testigos, cada vez que repiquetean quebrando poco a poco las grandes rocas que todavía sepultan a sus pueblos.

Qué pequeño es mi dolor incluso, si lo comparo con el que viven estos más pequeños.

He comprendido que ellos son las llagas, en las que le pido que me esconda y, con ellos, nos consuele su pasión.

No olvidarme del bien que Dios espera, no cansarme, no desistir, no dejar que muera la esperanza, aunque no la vean nuestros ojos.

Agosto 2021 




 


 

domingo, 18 de abril de 2021

Dios nos bendiga!

 


Hoy he pasado el día con todas estas familias de refugiados. Han venido hasta la letra j. El lunes vendrán los restantes. Cada uno representa una familia. Hay una gran tensión en el aire, es muy difícil vivir así.

Hace unos días nos llamó la embajada para decirnos, sin obligar, que consideremos una salida temporal de Pemba. Después del ataque a Palma y tras varios dias sin que se pronunciase el presidente, las embajadas han llamado a sus presidentes para decirles que estamos en manos de un incapaz...

No faltan motivos para la alarma. Han llegado refugiados con algún miembro amputado, trayendo el recado: id y decid que llegaremos a Pemba...

Y en verdad no parece que tengamos otra protección que la del Ángel de la guarda.

Se han ido varias comunidades, mientras dure la inseguridad... De nuestros misioneros. Han cerrado proyectos que yo creia que estaban allí para mostrar esa entrega sin medida de  quienes seguimos a Aquél que nos lo dejó tan claro. Pero ahora parece que esta medida es irrebasable. Y no creo que pueda culpar a nadie... Porque al fin y al cabo mi valor es lo que soy capaz de amar, y cada uno tenemos el nuestro. Quizás deberíamos crecer cada día, ser más valiosos... No pararnos en eso...

Pero sin embargo creo que es ese valor sin medida el que hemos celebrado hace poco.

Yo no puedo evitar querer ser más valioso, amar más, y quizás por eso me duele tanto que el amor no sea amado.

En esta fase de mi vida creo que el amor se ha encarnado como nunca antes lo hizo en mi vida, aunque siempre lo vi, lo experimenté y lo tuve... Talvez esta situación límite me esté dando esto...

Puede ser que se estén escribiendo las páginas más importantes de mi vida... Aunque cada vez se me vuelve más claro que la verdad es que el grano de trigo muera...

Me cuesta entender que amigos míos esten cerrando las puertas a sus proyectos en este momento de confusión y miedo. Pero es lo que hicieron los discípulos, lo decía el evangelio... Necesitaban el empujón de la resurrección... También nosotros...

En mi se ha revelado algo muy importante y es que mi amor es más fuerte hacia estos hermanos, esta familia de Pemba, que hacia mis amigos... Y es algo que no sé explicar mejor, pero está ahí, y entiendo que con esto dentro alguien pueda decir que si le matan resucitará en su pueblo...

No tengo muchos oídos cerca que puedan entender estas palabras, y algo me suenan a tentar a Dios, como dice Isaías. ¡Dame una señal! Quienes estan aqui dentro de mi, quienes confían, saben que no se trata de mi, sino de todo lo que hace que una vida tenga sentido.

Y es eso, lo que quizás lo justifica todo...

No tengáis miedo, que es amor lo que queda.

Quedan pocas cosas importantes, cerca, cuando algo así te toca en suerte... Es muy fácil que perdamos esta oportunidad por todo lo que creemos que aún no hemos vivido.

Pero sin duda debe tener que ver con la gracia...

Que seáis mi lugar de intimidad, eso no tiene precio.

Y es porque estais a mi lado que todavía tiene más sentido vivir todo esto hasta el final.

Nuestra pequeña luz acabará fundiéndose con la luz eterna...

Brillar ahora es más importante que nunca.

Que Dios nos bendiga! 

Mahate Pemba. Abril 2021





jueves, 1 de abril de 2021

Queridos amigos...


Queridos amigos, os pongo al tanto de nuestra vida. Aquí en Pemba, desde ayer seguimos en confinamiento otros 30 días. La diferencia importante es que podremos abrir las escuelas el día 19. Si hay condiciones sanitarias para ello. Es decir distanciamiento, agua y jabón, máscaras... Lo que no sé como será posible si tengo clases con 120 niños y con espacios reducidos...


También es una buena noticia que abriremos la escolinha así como los proyectos de alfabetización y las artes y oficios de los muchachos con necesidades especiales.

No nos dejan abrir las iglesias, lo cual nadie entiende. Dados los últimos enfrentamientos con el ya ex obispo de Pemba con el gobierno nos huele a represalia...

Se ha ido reduciendo el número de refugiados, algunos vuelven a sus tierras, los de distritos más cercanos. Aqui en Mahate siguen siendo más de 7000. Otros tantos en Muxara, algunos menos en Metula, y no sé decir cuántos en Fazenda. Estos Cristianos, porque musulmanes son bastantes millares más.

Este mes empezamos un proyecto, Karibu, en lengua makua, bienvenido!, con una organización portuguesa, Helpo. Especialmente para la atención de niños refugiados y la escuela. Una realidad muy nueva y que está dando otra forma a nuestro espacio social. Nos va a costar la retomada de los proyectos, y me faltan caras, que no sé si se han perdido en este tiempo...

Estamos trabajando mucho construyendo tanques para agua y canalizaciones entre las casas, gracias as regalo de la fundación acoger y compartir y a las ayudas de muchos amigos, ahora respiramos descansados sin el problema del agua.

Aquí en la diócesis ya sabéis que el Papa ha transferido a don Luis, después de estos años y de mucha presión y persecución. Yo no sabría qué hacer, en su lugar, como él mismo me contó. El papa le pidió a él escoger, y le ha podido el miedo... las amenazas de muerte incluso a su familia...

Un golpe duro para nosotros, queda un episcopado muy frágil y piadoso, pero nada incómodo para el gobierno. Se ha perdido profecía. La iglesia vuelve a ponerse a la sombra del régimen?...

Desde ayer esperábamos que los obispos le digan al gobierno cómo es posible que un niño en la escuela sea más responsable que un adulto en una misa... Pero ningún obispo ha abierto la boca...

Mientras, la crisis humanitaria, más controlada por el momento, que está levantando muchos interrogantes, porque paliar el dolor en los cuidados intensivos es algo, pero mantener los paliativos no es asumible. A mi me dan miedo las últimas declaraciones de naciones unidas, del proyecto alimentar mundial, y la falta de fondos... Qué pasará? Porque será peor de lo que es... y las personas siguen muriendo a diario... Qué importan las vidas?, una es una persona pero cientos son estadísticas... Si se enfría la atención, no sé qué tendremos que enfrentar...

Al parecer el covid está dando la cara entre nosotros, ya se han infectado bastantes conocidos, aunque es un acto de fe aceptar los resultados clínicos de esta gente. Me dijo el cónsul que pagando unos 80 euros te hacen el test de covid y te lo dan como tú lo quieres, positivo o negativo. La primera opción es mejor para quien no quiere ir a trabajar... Ya veis, para muestra un botón.

Yo no me he puesto enfermo desde el año pasado, hace ya bastantes meses... También sigo bastante recluido con la tesis que he de entregar el 30 de junio. Y eso y el confinamiento ha parado mis movimientos.

Estamos avanzando en la construcción de la iglesia. Ya sabéis que me pusieron en el candelero por la situación de terroristas, en algunos medios de comunicación. Y acepté por tanta vulnerabilidad... Quizás eso ayude de algún modo a los pobres...

Todavía me sacan los de la campaña xtantos... Si después me ayudasen...

Bueno, todo eso es una pequeña muestra de lo que vivimos... Lo mucho que ya sabéis.

He recuperado a Justin y finalmente vamos a poner en marcha una escuela taller de escultura makonde...

Los artistas podríais pensar en dar un salto acompañados... Creo que, es verdad, la Belleza salvará al mundo. Y precisamente en este mundo de violencia tiene más sentido.

La última figura de Justin es el ángel del pesebre, mide unos 80 cm... Y anuncia a todos la buena noticia, inyecta de esperanza nuestra vida.

Un gran abrazo a todos

Con todo nuestro corazón! 

8 de marzo de 2021



viernes, 13 de noviembre de 2020

Pequeña Josefína


“Josefina tenía diez años, era la hija mayor de Celina, una mujer que huyó de la aldea Mbau, muy cerca de la frontera con Tanzania cuando empezaron los ataques terroristas. Salió después de un ataque, en una madrugada de enero, este año. Huyeron, como hacen todos, a esconderse en los campos, y cuando volvieron encontraron sus casas quemadas, y muertos aquellos que no tuvieron tiempo de escapar o eran demasiado mayores para hacerlo. A uno de sus vecinos, Venancio, que llegó aquí a Pemba por los mismos días con su mujer y su pequeña de dos años, los terroristas le mataron a dos hermanos gemelos, sólo tenían 19 años.

 

Josefina tenía síndrome de Down, era muy inquieta y no paraba de ir de un lado a otro. Los acogí aquí en la misión de San Carlos Lwanga, en enero de este año, con un grupo de más de doscientas familias, integradas sobre todo por niños y mujeres. Dicen que a los terroristas les interesa matar a los varones, las mujeres sirven y los niños acabaran siendo soldados del califato. Aquí entre nosotros, en Mahate, todo empezó dos días antes de la Navidad del año pasado. Llegaron a la misión 24 miembros de una misma familia, venían también de la misma zona fronteriza. Al principio, todos eran de la etnia makonde, provenientes de las aldeas del interior, mayoritariamente cristianos y católicos, fruto de la primera evangelización de los misioneros de San Luis de Montfort por esta zona norteña de Mozambique. No entendíamos mucho qué estaba sucediendo, pero hacía ya un par de años, desde 2015 al menos, que escuchábamos noticias preocupantes. Se decía que había en los bosques del norte cercanos a Mocimboa da Praia, campos de entrenamiento de jóvenes para la guerra, mientras desaparecían otros de entre los conocidos del barrio, como los muchachos que nos vendían pescado, y no se volvía a saber de ellos. Algunos musulmanes amigos contaron preocupados que a algún familiar le habían ofrecido una beca para ir a estudiar el Corán, como ellos dicen, pero después resultó que nunca más se supo de ellos.

 

Aquel año de 2015 los seguidores del consejo islámico aquí en la ciudad de Pemba empezaron a radicalizar costumbres de cuantos adherían a su secta, y aquí en nuestros barrios de Mahate y Muxara, sobre todo, las mujeres, las niñas y las jóvenes empezaron a salir de casa cubiertas con el nicab. Rostros de comerciantes extranjeros con sus mujeres así vestidas se prodigaban, eran caras nuevas en los barrios. De las mezquitas llegaban comentarios preocupantes: rezan con botas y con machetes… los vecinos musulmanes, casi todos, no lo vieron con buenos ojos. Fueron unos meses, pero se hicieron sentir entre nosotros. Estaba siendo un cambio muy drástico, en muy poco tiempo, de las costumbres habituales de la vida de las comunidades, y todos nos preocupamos. La prohibición del uso del velo llegó después de que una mujer totalmente cubierta robase un bebé del hospital central. Nadie le dio la debida importancia a todos los rumores que circulaban, pero algunos levantamos la voz. Aquellos días en las redes sociales corrían grabaciones de vídeo de terroristas degollando a personas, bajo cantinelas de la oración musulmana. Muchos, muchos jóvenes, vieron ahí un propósito para sus vidas, demasiado destruidas por la miseria.

 

Durante esos dos años que siguieron y ya después del comienzo de los ataques en la ciudad de Mocimboa da Praia, en 2017, se especuló sobre el origen de los conflictos, se decía que eran jóvenes delincuentes comunes y se repetía una y otra vez, llegando a convencer a muchos de nosotros. Pero quienes ya estábamos unos años aquí sabíamos todo lo que se había dicho y habíamos visto de lo que eran capaces. Muy recientemente la seguridad antiterrorista internacional ha reconocido que Mozambique recibió líderes de estado islámico que estuvieron entrenando en el norte, durante varios periodos.

 

Los pueblos makondes cristianos del interior parecían ser los primeros objetivos de los terroristas, así nos llegaban las noticias. En la aldea de Xitaxi, más de cincuenta jóvenes y adultos fueron asesinados por no aceptar unirse a los terroristas. Alguna de las mujeres que escaparon al secuestro cuenta que, entre las víctimas, hubo quien respondió a las amenazas confesando la fe.

 

Pero poco a poco los ataques se extendieron también por la costa, entre los pueblos mwaní, aquellos que de entre ellos no veían con buenos ojos esta violencia. Fueron la segunda ola de refugiados, ya en los meses de mayo y junio de este año. Aquellos que teniendo cargos en la oración de las mezquitas se negasen a seguir a los terroristas eran ajusticiados ante todo el pueblo, como al parecer ha sido la práctica normal del estado islámico.

 

Mocimboa es una ciudad costera que ya fue califato islámico antiguamente y el hecho de concentrar los ataques aquí parecer responder a ello. A mediados de octubre barcos de pesca de toda la costa de la provincia empezaron a llegar cargados con niños y mujeres, huyendo nuevamente de unos ataques que ya no parecen tener fin. Las playas de Paquitequete, el barrio mwaní más antiguo de Pemba, siguen llenas de varios millares de personas, enfermas, hambrientas, sin nada… cerca de medio millón de personas han abandonado su tierra y hogar.

 

Fuimos los primeros en abrir nuestra iglesia y responder a casi un millar en enero de este año. El proyecto mundial de alimentos estaba previendo la crisis y se había preparado, las organizaciones empezaron también a responder, hasta que los canales oficiales del gobierno también empezaron a funcionar. Ahora los campos de refugiados acogen a la mayoría, otros han podido alojarse en casas de familiares, demasiado pobres para poder responder a tanta necesidad. Los ataques han ido extendiéndose hacia el sur llegando incluso a la bahía de Pemba, hasta Quissanga y los alrededores, provocando un éxodo y un drama humanitario terrible. No es posible sostener durante mucho tiempo una crisis de estas dimensiones, no hay recursos ni capacidad, mucho menos en África. En un escenario así empezar a ver víctimas no tarda mucho. Y los niños y los enfermos son los primeros en morir.

 

La crisis del coronavirus ya estaba dejando una marca de sufrimiento añadido entre nosotros, aunque sus efectos no hayan sido directos ni se hayan hecho sentir aquí, muchas medicinas han escaseado en los centros de salud y tratamientos crónicos se han abandonado, con la consiguiente pérdida de calidad de vida, agravada por las restricciones de circulación y movimiento que han empobrecido mucho más a los pobres… Entre los pobres mantenerse es un desafío constante y conseguir algo para comer en casa cada día no está garantizado.

 

En toda la zona norte, exceptuando la ciudad de Moeda, que apenas estuvo unas pocas semanas sin presencia religiosa, se han abandonado las misiones. Queda muy poca población en algunos poblados que tiene que huir a esconderse siempre que amenazan los terroristas. Algunos no pueden perder ya nada más y la desesperación se apodera de la mayoría.

 

Celina encontró un pequeño trabajo limpiando en una casa, hace ya un par de semanas. Hoy cuando volvió encontró a Josefina vomitando en el suelo, la llevó al hospital, pero ya era tarde, los médicos no han podido hacer nada. Hemos ido a buscarla porque su madre no quiere que la niña se quede en el hospital esta noche, mientras lloramos por ella esta noche y aguardamos para enterrarla mañana.

 

La mamá de Nelson ya vino el viernes pasado, un bebé de cinco meses, a su madre la mataron los terroristas. Ella se trajo a todos los niños que pudo campo a través, y cruzando el río Montepuez la corriente se llevó a una pequeña… Nelson es la imagen de un bebé que no se alimenta desde hace días, y me pregunto cuánto puede resistir un niño tan pequeño… es una de esas imágenes que los medios suelen poner en las hambrunas. Sólo que esta imagen es de hoy, de nuestro presente, el que tenemos que vivir respondiendo… la doctora Joana lo ha ingresado, pero después, me dice: padre, necesitará leche. Cuando no sabe a quién avisar me llama.


San Carlos Lwanga es un hospital de campaña, como dice el Papa. No porque quiera serlo sino porque no tiene otro remedio que serlo. Porque no tiene sentido ser otra cosa. Si la iglesia del viernes santo hace algo, es esperar, mientras venda a los muertos y los sepulta… En la carta a los Tesalonicenses (1, 6) Pablo dice que el Señor ha llamado a su pueblo que acogió su Palabra en medio de muchas tribulaciones. Porque quizás es así que puede responderse a Dios, en medio de las tribulaciones. Quizás no hay nada o muy poco que responder cuando la vida es fácil y cómoda… Y sin embargo dar la espalda al dolor y al sufrimiento también es algo que nos tienta aquí, como si eso nos permitiese creer que es posible vivir de otra manera.

 

En las playas de Pemba creí sentir la presencia de aquel pueblo que atravesó el mar huyendo de Egipto, y también podía reconocer a los moisés de hoy… que estemos aquí hoy nos da el sentido que nuestra vida esperaba, pero también puede quitárnoslo. Todavía, a veces, me siento apabullado, cuando parecen muchos quienes llaman a la puerta y quisiera dar un portazo. Luego pienso que incluso ahora Dios no nos da más de lo que podemos responder, y no hacerlo es nuestro pecado. Que la trampa del egoísmo está en decirte que tienes que responder a todos, y que es imposible, pero eso no es verdad. Sólo quienes llaman te buscan y nunca son todos. El amor es una red que no somos capaces de medir y que va más allá de todo. Y Dios salva donde menos esperamos, quizás donde nadie lo sabrá nunca… hay muchas cruces abandonadas en este mundo, donde solo los pobres y el silencio de Dios se encuentran. Cuando parecen cerrarse puertas, de repente alguien abre una ventana, y respiramos.

 

La pequeña Josefina… mientras lloro esas lágrimas que ya no puedo disimular, intento creer en el mañana de Dios, pienso qué puedo hacer para que no haya otro niño que muera… descubro que solo puedo estar aquí, en medio, sin las seguridades ni los miedos que ya se han quedado atrás. A María, la Madre de Dios del Pilar, le pido la fuerza, porque esa robusta columna me tranquiliza, y para los corazones de todos los que tienen el poder de hacer algo, el saber mirar compasivos”.


Mahate Pemba. Noviembre 2020




 

  

domingo, 15 de septiembre de 2019

Reflexiones por la Visita del Papa a Mozambique



Reflexiones por la Visita del Papa a Mozambique


Mozambique es un país lacerado, herido y golpeado de una forma cruel y continuada por la peor de todas las armas: la miseria. La miseria es un pleonasmo, una pobreza demasiado pobre es miserable. Pero además la miseria tiene a favor una negatividad que se dimensiona más allá de lo material, hacia lo moral, incluyendo así otros aspectos como la corrupción, la falta de solidaridad o la indiferencia social de los poderosos.

Cuando uno llega a Maputo se encuentra con una parte de Mozambique que no representa la verdad de este país. Pero para una mirada observadora y conocedora de los entresijos de África, la desigualdad no se esconde fácilmenteConocer un país, sin embargo, no es conocer su miseria, porque no se puede amar la miseria, y solo lo que se conoce se ama. Solo conoce aquel que ama cuando el amor es verdad. Quien no ama no conoce aunque haga brillantes discursos.

"Por eso os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oido de mi padre". Jn 15, 15

Acabo de volver de Maputo de la visita del Papa Francisco, del día 4 al 6 de septiembre de este año de Gracia de 2019. Aunque haría discursos quizás brillantes, aquí no hablo de lo que sé solamente sino de lo que amo, porque lo conozco. Y esto, aunque no sé muy bien porqué, me parece que se gana cuando puedes hablar de la suciedad que tienes en casa mientras la limpias. Pero entonces hablas porque hay alguien que te escucha, y te escucha porque comparte contigo esa misma suciedad, y la limpia contigo.

Creo que después de estos años he visto que hay como dos secretos de Jesús en los que puede resumirse su evangelio: uno se podría llamar vivir la familia, el otro es haber entendido el misterio de la muerte.

El Papa no ha venido a solucionarnos ningún problema, aquí a los africanos de Mozambique, ha venido a decirnos que el camino es el amor y la familia, y que hay que aprender a morir. Y Él se ha puesto a limpiar el suelo con nosotros, y nos ha hecho entender que conoce y por eso ama los fondos de miseria y dolor de Mozambique, y ha salido de aquí feliz, pero mucho más cargado, con una carga mucho más pesada, la de un dolor que conoce y ama y por eso se lo lleva consigo.

Don Chimoio es el arzobispo de Maputo y en las palabras sentidas de despedida al Papa después de la misa, hizo referencia a un refrán de los pueblos makúas que dice algo así: Cuando no oyes cantar al muiaipuile (un pájaro local), ven a su encuentro! Don Chimoio le dijo que en este viaje a Mozambique, algo así es lo que ha hecho el Papa, venir al encuentro del árbol que ya no daba fruto y del amigo que ya no danzaba y cantaba. Por eso en esta celebración el amigo ha vuelto a danzar y cantar. 

Corre por todo Maputo la fe ciega en el Papa que ha traído la lluvia. Es tiempo seco, todo el mundo lo sabe, nunca llueve en esta altura del año, ni desde hace ya unos meses y no volverá a hacerlo hasta Diciembre. Sólo el Papa puede haber traído la lluvia. El muchacho que me llevó a la residencia ayer en su moto-taxi, después de la misa en Zimpeto con el Papa, en medio del día lluvioso y frio que se quedó, se escandalizó de que yo lo dudase Ya lo había dicho el chofer de las hermanitas del Hogar de los desamparados, donde me alojé, el día de antes: lloverá, el papa trajo lluvia la última vez, también la traerá esta vez pero mi cabeza dura y mi corto entendimiento no son capaces de ver, de conocer, de amar Pero, Señor, qué torpes y necios somos para creer lo que hablan los profetas!

Una tierra sin agua no puede dar fruto, cuando falta el amigo la tristeza te invade y no cantas. Pero cuando el amigo está con ellos "no pueden ayunar", son cantos y danzas ¿por qué me parece que quien no canta ni danza no entiende el evangelio?

No soy persona muy de institución, aunque respeto y obedezco sin muchos problemas. Nunca me hallé en una situación que cuestionara mi conciencia y mi deseo ha sido muchas veces mayor que el de mis superiores. Antes han tenido que pararme los pies que obligarme a decidir. Pero está claro que no soy un dechado de virtudes, solo un pobre sacerdote, uno de los hombres más pobres que hay, como nos ha dicho el Papa. Aunque parezca no venir al caso, esto que acabo de comentar es importante. El papa no habla a las personas como quien se sabe las lecciones ni tan siquiera con la conciencia de ser una autoridad y pretendiendo dejarlo claro. Tuve esta certeza interior mientras le escuchaba, todas las veces, aunque por supuesto es aventurado y subjetivo lo que digo: es consciente de nuestra realidad de pobreza espiritual, pobreza de todos, pobreza de la que no se excluye, y es además consciente de las resistencias enormes que le rodean, y creo que piensa que esas resistencias no son tan fuertes entre las personas sencillas y humildes del pueblo, lo son mucho más entre los suyos Cuando el Papa habla no es un moralista, usa la parábola, la sugerencia, la comparación, y espera que haga su efecto en el corazón de los que escuchan. Al oir tu corazón intenta buscar la otra parte de lo que ha dicho para que en ti acontezca el descubrimiento de la verdad, supongo que es como cuando un virus te infecta o algo semejante. A la carta del presbítero que le puso enfrente sin mucho decoro la situación que muchos sacerdotes africanos viven, el Papa no respondió dando recetas morales, él dice cosas como por ejemplo: no busquéis aquello que puede llevaros a la ruina, y así, cuando escuchas, tienes que buscar dentro de ti qué pueden ser esas cosas que podrían llevarte a la ruina. Pero es un trabajo que tienes que hacer tú y que tiene el único límite de tu libertad. Se intuye un respeto extraordinario del Papa hacia todas las personas, un reconocimiento de la dignidad de cada uno, del valor absoluto que son para él sus interlocutores, que muestra un poco su grandeza. Y supongo que es eso también lo que le compromete a hacer suyas las vidas hacia las que él va, con las que él quiere encontrarse y quizás también eso explique porque se resiste a ir a otros lugares.

Y aunque esto es como yo lo sentí, el papa deja translucir su autoridad. Si es cierto que el valor de las personas y las cosas lo damos nosotros entonces, en la persona del Papa, hemos puesto el mayor valor de bien y de esperanza que nuestro corazón alberga, en alguien que camina entre nosotros en esta tierra. En África este valor no se demuestra, forma parte de la fe genuina de los africanos, nadie lo duda, nadie duda que el Papa ha traído la lluvia. Pero esto no es algo que se pueda objetivar, no, es el espacio sagrado que todavía no ha podido destruirse en el corazón y el alma africanos, donde conviven en paz la razón y la fe, sin que las preguntas de la crítica puedan alterar esta alianza. Para los africanos del Papa emana la luz del Bien, la fuente de la esperanza, la fuerza del amor.
No pueden entender que alguien lo dude. Y esta es quizás una de sus tristezas mayores.

En el autobús de regreso del Zimpeto, un grupo de jóvenes e adolescentes recordaban frases que el Papa había dicho, ya ayer en el encuentro interreligioso. Una decía: cómo me gusto cuando el Papa dijo: vosotros sois importantes, vosotros sois importantes, no sois solamente el futuro, sois el presente. Y otra añadía: no os resignéis, no dejéis que os dividan, no dejeis que os roben la esperanza. Y yo pensaba que les habría costado entenderlo, que a veces se confundía con el español, que si este grupo de jóvenes de Maputo, con los varios miles que recibieron al Papa en un compromiso de reconciliación que soy incapaz de expresar con palabras, y sin pertenecer a ninguna especie de grupo religioso de identidad fuerte de los que proliferan por todo lado, es capaz de recordar al Papa, como una palabra de sentido en sus vidas, como una luz sin la cual no entienden sus vidas, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a nosotros

Pero el misterio es comprender que el Reino de Dios es vivir la familia y aprender la muerte. Nadie podrá nunca eliminar este destino, que no sea así es un pensamiento que no viene de Dios El Papa nos ha confirmado en la familia y en la muerte, ha venido a decirnos que él limpia con nosotros en casa y que él va a Jerusalén a morir. Y esto, así, yo no se lo había oído a otros.

Cuando desde el inicio de la misa en Zimpeto ante los millares de personas allí reunidos, con frio y lluvia, sin poder protegernos del día, el Papa empezó a hablar de justicia sin venganza, de compasión y perdón, de superar la lógica del ojo por ojo, mirando sin alejar la vista el rostro herido de Mozambique, supe que él ha venido a morir delante de nosotros. Supe que este es el gran secreto de la vida, saber amar hasta morir por los que amas y haber vencido el miedo al amor. La oración colecta me despertó de mi sueño. Y aunque el frio y la lluvia no tuvieron piedad de nosotros, comprendimos que había venido el amigo y ahora el tiempo de la danza y el canto. Y así fue, nos arrebató el espíritu de la danza y empezamos a olvidar el frio y la lluvia, y supe que es así como se vence el dolor y el sufrimiento injustos, con la familia y los amigos en casa, mientras juntos limpiamos la vida

Esta es la impresión que me he llevado del Papa, en los tres encuentros en los que he participado a lo largo de estos días. Un hombre bueno, un hombre de Dios, un hombre preocupado por la humanidad que sufre, un hombre consciente de la pobreza que somos todos ante Dios, un hombre impregnado de Cristo y del Evangelio, un hombre de paz, un hombre dispuesto a cargar el peso de los que ya no pueden llevar sus cargas, un hombre para los pobres del mundo.


El otro punto de vista del paso del Papa por Mozambique quiero dedicarlo a todos las personas que a lo largo de estos tres días me han sabido decir que el mundo es enorme más allá de las fronteras de Europa o de occidente. Los millares de mozambiqueños que se han acercado en medio de la pobreza y conducidos por la bondad de sus corazones a ver al Papa. Los millares de personas que son la verdadera vida, convencidos del amor que actúa y capaces de seguir adelante cantando y danzando Aleluya, aunque sus heridas sean profundas. No soy capaz de distinguir lo preparado de lo espontaneo, lo que sale sencillamente de sus espíritus de lo que está bien ensayado porque normalmente no existe mucha diferencia entre los dos ámbitos.
 
Los jóvenes acudieron en multitud a la llamada del Papa. Se esperaba que fuesen dos millares de católicos y otros dos millares de otras religiones. Al parecer fueron unos seis mil, bastantes de los cuales no consiguieron entrar en el pabellón de Maxaquene. Entre danzantes y cantores sumarían unos quinientos. Tuve la oportunidad de participar, muy cerca del Papa y del palco principal de las actuaciones. También esta vez como en casi todas, al Papa le acompañó el presidente de Mozambique, Filipe J. Nyusi. Fue el primero en entrar y una gran ovación se hizo sentir en el pabellón, el presidente es un hombre querido. Pero lo diferente y muy especial fue la entrada del Papa. Esperábamos la ovación renovada del presidente, pero alguien empezó a gritar antes del Papa iniciar su trayecto por el tapete central la palabra Reconciliación!, y a repetirla una y otra vez. Alguien unió sus manos en un gesto de encuentro y compromiso, un gesto de alianza, al aire, en alto. Y todo el pabellón retumbó con la palabra. Reconciliación, Reconciliación, Reconciliación de pie, gritando fuerte, con las manos unidas en un gesto de compromiso. Yo sentí que la emoción se apoderaba de mí, por toda la carga de muerte que llevaba conmigo, por tanta noticia y tanta injusticia. Y el Papa se rindió ante este grito.

Los millares de jóvenes convocados le estaban diciendo al Papa que no estaban allí para pasárselo bien, que habían llegado muy temprano, hacía siete horas que esperaban, cristianos, musulmanes, hindúes, judíos, de las varias iglesias que se extienden por Mozambique, para decirle al Papa que son instrumentos, y que el Papa disponga de ellos, para reconciliar, para reunir, para vencer la violencia, para la Paz. La fuerza de tantos jóvenes a los que el Papa bendijo solo empezar: vosotros sois importantes, vosotros sois el presente, no dejéis que os dividan quienes están interesados en hacerlo, no dejéis de creer en vosotros, no dejéis que os roben la esperanza, no os resignéis, caminad siempre juntos, unidos, sin olvidar vuestros mayores, vuestras raíces

En todos los encuentros con el Papa, nadie se le acercó, estuvo continuamente protegido por seis hombres de negro, que impedían de antemano cualquier tentativa de acercarse. Me contrastó esta actitud con lo que suele presentarse de él, al mismo tiempo se le veía lleno de vitalidad pero envejecido, limitado, cojeando, frágil en cierto sentido. Desconozco si hubo algún protocolo añadido de seguridad por ser Mozambique un país en riesgo de terrorismo, eso podría ser un motivo. Este distanciamiento aceptado por el Papa no le impidió entregarse en sus palabras a todos los que le escuchábamos. Yo sentí que el encuentro con el Papa había llenado el espacio, y creo que así lo sintieron todos. Creo que todos comprendieron que el Papa es una señal más de un estilo de vida que merece la pena porque es fuente de una alegría y una esperanza inagotables.


Al volver a Pemba y retomar la vida, tan herida, de cada día, uno se da cuenta de que la realidad será la misma tensión de siempre las amenazas y los ataques que no terminan, el flagelo de la miseria, la indiferencia y el desprecio de los pobres, la injusticia que tienen que masticar constantemente pero ahora, una luz pequeña, protegida, interior, brilla sin vacilar, entonces, en la penumbra del inmenso océano sabes hacia dónde vas, y que no te acabarás perdiendo. Pero sobre todo sabes que, poco a poco, se juntan otras pequeñas luces, sin poder ni gran luminosidad, pero firmes y seguras, todo lo que el amor es capaz de mantenerlas.

Y el Papa, sí, ha tenido que ver a la hora de creer en este amor, a pesar de todo.

Eduardo A. Roca Oliver

Pemba, 14 de Septiembre de 2019